Por Equipo de redacción del IEFI

Durante la actual temporada estival se desarrollan incendios forestales de gran magnitud en los bosques andino-patagónicos de Neuquén – Río Negro – Chubut – Santa Cruz
No se trata de hechos aislados, sino de un régimen de incendios cada vez más frecuente, intenso y difícil de controlar, asociado a condiciones climáticas extremas y a un modelo de prevención y combate que ya no resulta eficaz.
Tipos de incendios:
– Incendios en zonas de interfaz (bosque–población), como el caso de Epuyén.
– Incendios en lugares despoblados o áreas protegidas, como el Parque Nacional Los Alerces. Incendios extensos, con múltiples focos secundarios y reactivaciones posteriores al control inicial.
¿Cuándo acontecen?:
Ocurren en la temporada actual, marcada por: Altas temperaturas persistentes; muy baja humedad ambiental; vientos frecuentes; lluvias insignificantes (precipitaciones que no llegan a humedecer el suelo), a lo que hay que sumar el desorden institucional.
También sucedieron en años anteriores, pero hoy se observa un cambio decisivo: el modelo histórico de manejo del fuego ya no alcanza frente a las nuevas condiciones climáticas. Nadie parece recoger el guante del Cambio climático, cuya sola mención estaría prohibida en el ámbito de la Secretaría a cargo de Daniel Scioli.
Ya se sabe, en el mundo forestal, que cuando un incendio alcanza cierta magnitud, no hay posibilidad de contenerlo o apagarlo hasta que se consuma todo lo combustible o las lluvias apaguen las llamas.
Dentro de la región ya mencionada, las áreas más vulnerables son: los valles con efecto chimenea, las zonas con continuidad de combustible, las interfaces urbano–rurales y las superficies con predominancia de viento Oeste.
¿Cómo se originan, propagan y combaten?
Es importante despejar confusiones: no todos los incendios tienen el mismo origen ni las mismas implicancias.
Los incendios pueden ser: – Naturales: principalmente por rayos (por ejemplo, en el PN Los Alerces). – Humanos no intencionales: negligencia, descuidos, quemas mal apagadas, uso recreativo irresponsable. – Humanos intencionales: por razones económicas, conflictos territoriales, especulación u otras motivaciones.
En lo que respecta a los fuegos naturales (Ej: PN Los Alerces), no es posible verificar -por el momento- que se trate de razones económicas o especulación inmobiliaria. En los otros casos, es difícil pensar en que esos bosques arrasados por el fuego, con suelo calcinado en varios casos, tengan algún valor en el corto o mediano plazo. No obstante, vale la pena sospechar que los propietarios de pinares subsidiados (si, subsidiados por el Estado) e incendiados (porque no cumplen con las medidas de seguridad que les son exigibles), puedan reclamar algún beneficio económico. Se debería investigar al respecto.
La propagación de un incendio forestal es la clave o el nudo del asunto: Todo incendio grande comienza como un foco pequeño.
El fuego forestal se expande rápidamente debido a:
Continuidad de combustible vegetal – Presencia de especies exóticas invasoras altamente inflamables (como pinos y retama), tanto en lugares públicos (banquinas de la ruta, o en tierras privadas en las que fueron plantados o en los que se permitió su propagación) Se debería investigar se el Estado tiene responsabilidad o no para impedir esa propagación tanto en el ámbito público como en el privado, pues -por ejemplo- existen métodos sencillos para impedir la propagación del fuego en plantaciones de pinos-
Condiciones de viento y topografía – La topografía es conocida, y hay antecedentes del comportamiento del fuego en la región. Las condiciones del viento, la humedad y temperatura del aire, se pueden obtener en el momento.
La persistencia de puntos calientes que pueden reactivarse días después, solo se puede manejar mediante las “guardias de cenizas”. Las autoridades suelen limitar los recursos para esta fase, pues parece un “gasto” eso de pagarle a brigadistas que no “hacen nada”. Un error fatal.
Prevención, detección y combate del fuego:
Actualmente predomina un sistema de gestión pasivo y tardío. Aparentemente, el sistema de ataque inicial depende del aviso cuando el fuego ya es visible. Eso ocurre por un escaso patrullaje preventivo pues se carece de un esquema sólido de detección temprana activa, que incluya vuelos sistemáticos, drones, monitoreo satelital y presencia territorial permanente.
En estos incendios, se nota la falta de una asistencia aérea de vigilancia en momentos críticos (sobrevuelos de avistaje) pues los sistemas de teledetección (satelites, etc.) son certeros pero -aparentemente- tienen muchos filtros técnicos o administrativos para llegar a tiempo con los brigadistas y para “lanzar el agua”.
Por lo anterior, el combate suele ser reactivo y no preventivo- Con fuerte uso de medios aéreos cuando el incendio ya está fuera de control – Con escasa eficacia real en incendios de gran magnitud.
La forma en que se prioriza el uso de medios aéreos debería ser revisada, por el momento se ve una respuesta tardía y no se atenderían las solicitudes de apoyo aéreo para los ataques iniciales. Esto implicaría que: a) los brigadistas no puedan llegar de inmediato por falta de transporte y b) que -en parte por lo anterior- el agua de helicópteros o aviones hidrantes también llegue tarde. Sería un error grave que el área de despacho aéreo le dé solo prioridad a los fuegos declarados.
En otras palabras, a veces el despliegue aéreo responde más a la presión social y política que a criterios técnicos. Esquemas de respuesta tardía y costosa
De todo esto se aprovechan los actores económicos oportunistas (según el caso) y, obviamente, los discursos políticos simplificadores
En todo caso siempre se perjudican: las Comunidades locales, los Ecosistemas nativos, los Brigadistas, sometidos a sobrecarga y riesgo, y el propio Estado, por los costos económicos y sociales
La prevención de los fuegos y su combate recae en Brigadistas provinciales y nacionales, Bomberos. Técnicos y especialistas con conocimiento territorial, Comunidades locales que, en muchos casos, cubren vacíos estatales.
Esto último, no es poca cosa cuando el Estado no está en condiciones de recibir y aprovechar o no acepta el concurso de personas voluntarias.
¿Por qué ocurren tantos incendios?
Falta de manejo del territorio
Abandono de políticas de prevención
Decisiones tomadas sin formación técnica
Ausencia de control sobre especies invasoras y combustibles peligrosos
¿Para qué?
Algunos incendios naturales forman parte de procesos ecológicos
Los incendios de origen humano no cumplen ninguna función positiva y generan daños irreversibles
¿Cuánto se quema y cuánto se gasta?
Miles de hectáreas por temporada
Ejemplo concreto: el incendio conocido como Loma La Chancha alcanzó aproximadamente 3.700 hectáreas, con rebrotes posteriores de cientos de hectáreas adicionales
En términos económicos: – Se invierten millones en operativos de emergencia y medios aéreos tardíos – Se invierte muy poco en: – Prevención – Manejo de combustibles – Control de especies exóticas invasoras – Detección temprana
Un punto clave: Epuyén y el Parque Nacional Los Alerces no son lo mismo
Epuyén: incendio de interfaz, con fuerte presencia de pino y retama (especies exóticas e invasoras), donde la falta de control estatal y de prevención resulta determinante.
Parque Nacional Los Alerces: incendio de origen natural, en especies nativas y sin amenaza directa a poblaciones humanas.
Tratar ambos casos como equivalentes distorsiona el diagnóstico y las soluciones.

Una conclusión necesaria
El problema central no es la falta de tecnología, sino el modelo de gestión del fuego.
Hoy se actúa cuando el incendio ya se descontroló. Sin embargo, la experiencia técnica señala que: – Los medios aéreos deben utilizarse cuando no hay incendios, para detección y ataque inicial – La anticipación es clave – Es necesario volver a una presencia territorial sostenida, combinada con las herramientas tecnológicas actuales
Paradójicamente, lo que se propone como un “nuevo modelo” es, en muchos aspectos, retomar prácticas que funcionaban décadas atrás, adaptadas al contexto actual. El desafío no es discutir únicamente lo que ya se quemó, sino definir cómo nos vamos a parar de ahora en adelante